Los tiempos cambian y desgraciadamente los 80 acabaron. Los 90 y la llegada del nuevo siglo nos llenaron de mala conciencia y corrección política; el calimocho y la litrona, campos de cultivo del tecnopop europeo de antaño, dieron paso en las discotecas al pastillerío y al éxtasis líquido, con lo cual la melodía y la letra desaparecieron de los subproductos que escuchan tanto los calorros como los modernos, siendo reemplazados por el chumpatachum del house, trance, progresivo, y demás estilos imposibles de distinguir a menos que uno se encuentre en pleno viaje astral de origen químico.
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